La niacinamida es la forma activa de la vitamina B3. Pertenece a la familia de los activos multifuncionales y probablemente sea el ingrediente con la mejor relación entre el número de beneficios documentados y la facilidad de uso de toda la dermocosmética.
En la célula se convierte en NAD+, una coenzima implicada en cientos de reacciones, y de ahí deriva su versatilidad. Favorece la síntesis de las ceramidas que componen la barrera cutánea; modera la producción de sebo y el aspecto de los poros dilatados; interviene en la transferencia de melanina de los melanocitos a las células superficiales, el paso que hace visible una mancha. Por tanto, actúa simultáneamente en distintos frentes, algo que muy pocos activos saben hacer.
Es adecuada para casi todos los tipos de piel: grasa e impura por su acción sobre el sebo y los poros, madura por su efecto sobre las manchas y la firmeza, y sensible porque refuerza la barrera en lugar de ponerla a prueba. Se usa por la mañana y por la noche, antes de la crema. En cuanto a los brillos, los cambios llegan en cuatro semanas; para conseguir un tono más uniforme se necesita más tiempo.
Es uno de los activos que mejor combinan: convive sin problemas con elácido hialurónico, los péptidos, la azeloglicina y la vitamina C, y por eso aparece en fórmulas muy diferentes entre sí. Es el ingrediente por el que conviene empezar al crear una rutina desde cero.
En nuestro blog encontrarás un artículo detallado sobre los diez beneficios de la niacinamida para la piel.